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El siglo pasado hubo un zoo de bebecitos prematuros.
En serio.
Martin A. Couney nació en 1869 en Alemania. Luego a los 19 años emigró a América, donde se la pasó diciendo que no podía ejercer medicina porque su título no estaba homologado allá, pero realmente nunca acabó la carrera.
En aquella época las criaturitas prematuras tenían muy pocos números de sobrevivir.
De hecho, diría que incluso debía dar cierto mal rollo cuidar “demasiado” a los que habían salido pronto o mal. No es que tiraran a los niñitos discapacitados de un precipicio como los espartanos, pero al final sería una carga de por vida y la mortalidad infantil ya era enorme. La gente se llevaba a esos renacuajos a casa sabiendo que luego llorarían la muerte, y ya.
Existían las incubadoras para los huevos de granjas de pollos, y antes a otro tipo ya se le había ocurrido usarlas para intentar cuidar a los niños prematuros. Pasa muy a menudo eso de que los humanos ya disponemos de la tecnología pero pinchamos en la implementación.
Había dos problemas principales: Cada día de cuidados era una pasta, y había que repetir muchas veces para aprender a cuidarlos bien.
Pues el Martin A. Courtney ese resolvió los dos problemas a la vez: Abrió una clínica gratis, donde las familias con niñitos prematuros podían llevarlos para que intentasen salvarlos. A cambio, los críos estaríanen un show para quien quisiese verlos pagando entrada.
Un genio con las prioridades claras.
Desde el principio el tío hizo cambios con mucho sentido: filtros para el aire, formas de mantener la temperatura estable, ajustaban la forma en que los alimentaban y los limpiaban… Daban mucha importancia a la higiene, eso en parte gracias a su mujer que era una de las enfermeras de esas clínicas. Hasta prohibía fumar a las nodrizas, en una época que nadie hablaba de que fumar fuese malo para nadie.
Si tenías suerte, en algún momento del show le ponían un anillo en el bracito de algún crío para enfatizar lo pequeñitos que eran. Ese debía ser el pase premium.
Pues fue un exitazo. Empezó en Nueva York y acabó abriendo franquicias hasta en Europa.
Martin A. Couney salvó más de 6000 renacuajos de los 8000 que pasaron por sus clínicas. Llegó a salvar el 85% de los críos que sin asistencia, morían todos.
El pasado era una mierda. Bendita sanidad pública.
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(Facebook, 2025-09-26)