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La viruela mató personas a millones, en una época que en el mundo éramos 4 gatos.
Era muy contagiosa, nivel: he dormido en la misma cama, estoy jodido. La gente infectada seguía siendo peligrosa aunque se estuviese recuperando y ya le hubiesen caído las costras. La pillaron montones de reyes y gente con pasta, que no son mucho de andar por ahí con gente llena de pústulas. Nadie estaba realmente a salvo.
Tira un dado de 10, si sacas más de un 6 estás muerto. Si tienes suerte y sacas menos, solo te vas a quedar ciego por las úlceras en las córneas, o estéril, o desfigurado. Las cicatrices por todo tu cuerpo no te las va a quitar nadie. En el caso de que seas un niño chiquitín no hace falta que tires el dado, a la viruela se le da especialmente bien matar niños, en la India ni siquiera se les ponía nombre hasta que ya la habían pasado, es muy posible que vayas a morir y ya está.
Por el 430 a.c. un ateniense espabilado llamado Tucídides ya se fijó en que la viruela nunca golpeaba a la misma persona dos veces. El tipo pensó que a lo mejor resultaba que no era que Los Dioses ya les hubiesen castigado lo suficiente, sino que quizás la gente “aprendía” a defenderse. Me cuesta imaginar la clarividencia necesaria para llegar a esa idea con las pistas de la época. Sin herramientas como la estadística, sin datos… con lo sencillo que es dejarse llevar por la inercia del pensamiento aprendido.
Pues bueno, saber que no te podía tocar dos veces estaba muy bien, pero no servía de nada a los sanos, pq digamos, la opción de jugar a la ruleta rusa por si ganas estar tranquilo, teniendo en cuenta la cantidad de balas en la recámara, tampoco era una opción razonable. En algunos sitios hacían cosas rollo esnifar costras sequitas, o raspar las pústulas y dejarlas secar mucho tiempo antes de ponértelas en un corte, con la esperanza de pasar una versión más leve a la que el cuerpo pudiese vencer. Pero claro, no había forma de realmente SABER cómo de grande sería tu dosis de virus vivos. Mal asunto.
La historia de las vacas y del golpe de suerte mezclada con la genialidad de Jenner la sabe mucha gente. Otro paso decisivo, pero no suficiente.
La vida real no es como en las pelis que descubren el antídoto, salen los títulos de crédito y das el problema por resuelto. Ahora ve y convence a la gente de que se introduzca el horror voluntariamente en su cuerpo para conseguir inmunidad, distribuye la solución por un mundo sin vuelos transoceánicos, ni neveras, ni frasquitos en los que guardar el bicho atontadito para hacer una vacunación sin efectos secundarios.
Además, no sé cómo explicarte, menos de 50 años antes parir en un hospital aún era comprar boletos en la lotería de la fiebre puerperal porque ahí nadie se lavaba las manos. La confianza en que ese sr. doctor te iba a salvar el pellejo era algo así como… regulera. Había mucho por aprender.
Llevar ese conocimiento a la práctica en esa época era un problemón gigantesco para resolver una tragedia humanitaria gravísima. Imagino que se sintieron como ahora te podrías sentir tú si tuvieses en la palma de la mano la solución al hambre en el mundo, pero te fallara la logística y no supieses como repartirla. Yo personalmente creo que me tiraría de los pelos y me daría de cabezazos contra la pared de pura frustración.
Desde Jenner el truquito era poner pus de la viruela bovina en una herida. Pero claro, el bicho en el pus duraba vivo lo que duraba. No era viable llevarse vacas enfermas a América para vacunar a la gente de allá pero se sabía que alguien con el virus de la viruela bovina podía pasárselo a otra persona, lo llamaban inoculación “brazo a brazo”.
Pues por aquel entonces había una enfermera con ovarios de acero llamada Isabel Zendal, que se ofreció a cuidar 21 niños que se fueron pasando el virus de unos a otros para llevar la salvación en barco a América y India. Entre ellos: su propio hijo. Lo llamaron la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna y me gustaría tener más tiempo para contártelo con detalles, quizás luego, pero es que hace unas horas que leo sobre esta señora y te juro que me flipa todo en ella. Qué tía. Googlea por ahí si eso.
Googlea tb a Viktor Zhdanov, y lo de Yugoslavia, o léelo en la pizarra de Yuri (dejo en link abajo), también es alucinante.
Aún a día de hoy no sabemos qué hay que hacer para curar la viruela, solo la sabemos prevenir, aunque ya no es necesario porque se considera finalmente erradicada: El último caso fue en 1977. Hay que ver lo que somos capaces de hacer los humanos cuando nos ponemos de acuerdo, de verdad, es increíble.
Vacunad a los críos, malditos.
Gracias D. y A.
https://lapizarradeyuri.blogspot.com/2010/06/viruela-cuando-la-mano-del-hombre-fue.html
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(Facebook, 2019-03-16)